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Enemigo en el Ataúd

Hay un enemigo en el ataúd
Cuando los empleados de una empresa llegaron a trabajar, encontraron en la recepción un enorme letrero en el que estaba escrito: 
-"Ayer, falleció la persona que impedía el crecimiento suyo en ésta empresa. Pase al velorio, es en el área de deportes".
Al comienzo, todos se entristecieron por la muerte de uno de sus compañeros, pero después, comenzaron a sentir curiosidad por saber quién era el que estaba impidiendo el crecimiento de sus compañeros, y el de la empresa.

La agitación en el área deportiva era tan grande, que fue necesario llamar a los de seguridad para organizar la fila en el velorio. 

Conforme las personas iban acercándose al ataúd, la excitación aumentaba. 
- ¿Quién sería el que estaba impidiendo mi progreso? -¡Qué bueno que se haya muerto! -murmuraban los asistentes.

Uno a uno, los empleados agitados se aproximaban al ataúd, miraban al difunto y tragaban la saliva en seco. 

Se quedaban unos minutos en el más absoluto silencio, como si les hubieran tocado lo más profundo del alma.

Pues bien; en el fondo del ataúd, había un espejo. 

Cada uno se veía a sí mismo, con el siguiente letrero: - "Sólo existe una persona capaz de limitar tu crecimiento: ¡TU MISMO"!

Tú eres la única persona que puede hacer una revolución en tu vida.
Reflexión

Muchos, somos herederos de esa evasión milenaria de nuestros padres Adán y Eva: - “La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí.” Génesis 3.12
– “La serpiente me engañó, y comí.” Génesis 3.13

¡Nuestras reacciones son tan similares al deslindar responsabilidades! 

Pasamos de la tristeza que surge de nuestra incipiente culpa, a la inquietante búsqueda de chivos expiatorios que tranquilizarán nuestras consciencias.
Y con ello, una agitada necesidad de hacer causa contra un enemigo común.

¿Pero, es verdad que existe un culpable fuera de nosotros? 

Puede que encontremos circunstancias, que nos hacen inocentes víctimas.
Pero la mayoría de las veces, debemos admitir, somos activos participantes ya sea con nuestras voluntarias acciones, o con nuestra cómoda pasividad. 
Y en el campo de la fe, y la espiritualidad, no existe la excepción.

Seremos gestores de nuestro propio destino, por elección o por omisión.

Nuestro problema de hoy, fue el resultado de la decisión de ayer.
Más hoy puedo decidir, cual será mi futuro.
Y frente al Eterno Dios, no servirán las excusas como tampoco sirvieron en el huerto del Edén.

Allí, en la eternidad, no mediarán las circunstancias personales, las tradiciones heredadas, la religión por naturaleza, la cuestión cultural, la obediencia debida, los afectos correspondidos, o la falta de oportunidad. 

Cada quién estará de pie ante Dios, y tendrá que responder por sus elecciones o por sus desidias. 
“Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras.” 
Apocalipsis 20.12

Quizás nos encontremos en el área de deportes, en medio de una multitud animosa y excusada.

Pero tarde o temprano, estaremos frente al espejo de nuestra realidad personal.

¡Hoy ponemos tantas excusas a nuestra condición espiritual! 

Que la religión....
Que las circunstancias personales...
Que el pastor o líder espiritual...
Que la hipocresía de los demás...
Que nos fallaron...
Que la injusticia de la vida, etc.

Pero nada de esto sirve, para excusarnos y apartarnos de un Dios amoroso.

Que sólo busca bendecirnos y contenernos.
Al contrario, sólo cometemos la máxima torpeza al usar todas estas tontas excusas.
Que sólo animan las llamas del infierno sobre nosotros.

¡Basta de postergar lo mejor para nosotros! 

La Biblia dice: – “… prepárate para venir al encuentro de tu Dios…” Amós 4.12

Neciamente nos alejamos de una vida abundante, sostenido por nuestros caprichosos y absurdos pensamientos. 

Recordemos las palabras del ataúd: 
- "Sólo existe una persona capaz de limitar tu crecimiento: ¡TU MISMO"!

Tú eres la única persona que puede hacer una revolución en tu vida; y empieza con una simple decisión personal. 

Jesús dijo: *- “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.”* Apocalipsis 3.20

Enfrentemos este día, nuestra condición espiritual, estamos en el ataúd; no hay más culpables que nosotros mismos, al no aceptar y no recibir el amor de Dios.
Abramos nuestro corazón a Aquel que puede salvarnos.

Y no sólo de una segura condenación, sino también de nuestros propios errores. 
Porque algún día, no seremos llevados a un velatorio ficticio, sino a uno real.
Y ahí, entonces será demasiado tarde. 

Dios te bendiga

Pastor Marcelo Avila 

Disertante Motivacional 


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Gestores de Paz Argentina

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